\ Escrito el 10/05/2011 \ por \ en Artículos \ con 1122 Visitas

El costo de la independencia musical

Para muchos jóvenes que quieran emprender el camino hacia la industria de la música en Chile tendrán que enfrentar cara a cara la dificultad que es propia de este mundo en donde dominan los sellos discográficos. Sin el dinero suficiente no podrán desarrollarse dentro del ámbito rodeado de melodías y canciones. Sin embargo, el auge de Internet ha sido un salvavidas para todos los compositores del país, abriéndoles las puertas del futuro que muchos esperan para sus vidas.

Por Valeria Viancos.

Son las 00 horas de un viernes de octubre en el bar La Tertulia en Valparaíso. Un grupo santiaguino llamado “Yo No Habla Espaniol” hace su presentación frente a un grupo de jóvenes que esperan el término de sus canciones para bailar al ritmo de la electrónica. Con Consuelo Sandoval en la voz, la banda capitalina demuestra en el escenario el por qué son independientes: no cualquiera se atreve a cantar en inglés en Chile, tocando prácticamente gratis y en un espacio reducido.

Al finalizar el show, Rodrigo Cunazza, guitarrista de la banda, saluda a la gente como si los conociera de toda la vida. Y podría ser así. El hecho de presentarse constantemente en el mismo bar lo hace ser uno más de la casa. “Lo más complicado al principio es que te den un espacio para tocar en un club, y acá siempre nos dan ese espacio, aunque nos paguen poco, al menos nos dan copete”, dice, mientras guarda su guitarra y se dirige hacia una mesa, donde lo esperan unos amigos.

Yo No Habla Espaniol es una de las tantas bandas nacionales que han tenido que esquivar obstáculos para contar con instancias que les permitan dar a conocer su música. Insertarse en la industria musical en Chile no parece ser tarea fácil como muchos creen, o al menos si se intenta vivir de eso. Acá se debe diferenciar entre tener a la música como un pasatiempo o como un futuro que entregue el sustento suficiente para vivir como corresponde. En esto último es donde surgen las problemáticas que atraviesan muchas bandas en nuestro país.

Para una agrupación independiente, de esas que no pertenecen a los grandes sellos, alcanzar la cima es una meta soñada. En efecto, si sus planes son ser populares y reconocidos, a la altura de Los Tres o Lucybell, deberán superar las dificultades que esta industria va poniéndoles en el camino, las que no siempre superarán con el éxito esperado.

Los peces gordos

La tarea de un sello discográfico es masificar la música que genera la banda. Sin embargo, de esos discos vendidos, sólo un pequeño porcentaje ingresa a los bolsillos de los artistas, mientras que una porción bastante considerable está destinada para el mismo sello, ya que se encargó de “vender” el producto al público, convirtiéndose en los dueños de las producciones musicales de los artistas.

Entonces ¿por qué las bandas independientes no graban sus discos en grandes estudios para así alcanzar sus grandes objetivos? La respuesta es simple: no hay dinero. Grabar un disco cuesta, por lo bajo, alrededor de 2 millones de pesos, una suma que estos jóvenes chilenos no podrán costear si no están bajo el alero de uno de estos grandes sellos, siendo Warner Music uno de ellos.

A la hora de entregar una versión oficial, Sergio Cerda, asistente de marketing de Warner Music, prefiere mantener silencio y continuar con el transcurso natural de la realidad actual. Para ellos, “los peces gordos” de la música, como diría uno de los artistas olvidados en la industria, es más conveniente hacer oídos sordos al arte para centrarse en lo que realmente les importa para vivir cómodamente: el dinero, el elemento que se repite.

Sin duda, un problema económico envuelve a aquellos jóvenes que con guitarra en mano y canciones propias intentan salir adelante en este país en donde las metas para conseguir el éxito parecen ser inalcanzables. Sin embargo, existen sellos independientes, los llamados “indies”, que confían en estos chicos y los ayudan para la grabación de sus creaciones de manera gratuita. Así, el sello Ponk se encargó de la difusión y el apoyo para la grabación del single de Hey!, una banda viñamarina que se ha hecho conocida en el sector gracias a la participación de algunos de sus miembros como Dj’s en las fiestas Slap That Bitch, que convocan a un gran porcentaje de la juventud porteña.

El poder del independiente

Mauricio Díaz, o Sokio, como es popularmente conocido en el rubro, es el encargado de Ponk, una discográfica en Internet, y por medio de esta tribuna digital ha podido masificar las creaciones de algunas bandas independientes. “Yo también soy músico, e intento crear una plataforma que permita a otros desarrollarse de la mejor manera”, dice.

No obstante, también surge la duda en torno al tema monetario ¿qué reciben los sellos independientes? ¿Es realmente fructífero para ellos dedicar tiempo y espacio para bandas que, quizás, morirán en algún futuro próximo? Ante esto, Sokio es enfático en afirmar que Ponk cuenta con un mecanismo que mediante derechos de reproducción puede recibir algún grado de compensación, en caso de que el trabajo de difusión entregue sus frutos, ya sea por radio o televisión, “pero, no es lo principal. Por algo sólo trabajamos con poca gente. Además de Hey!, también trabajamos con Dadalú y DDSPC, entre otros”.

Por otra parte, “Visceral”, single de Hey! y que ha formado parte del trabajo de distribución de Ponk, se ha escuchado en la Radio Horizonte, por lo que “los frutos” de los que comenta Sokio han sido efectivos.

Eduardo Fernández es el responsable de Hey!, pero en los escenarios es más conocido como Lalet. Este joven de 26 años ha estado inserto en la vida musical desde que tenía 14 años, lo que le permite tener experiencia en lo que a técnicas se trata. Lalet es un convencido que cada persona puede desarrollar su propia música, sin la necesidad de contar con un sello discográfico que los ayude. “En mi casa tengo un estudio de grabación, lo que es una ventaja porque puedo grabar cuando puedo y cómo quiero. Soy mi propio productor”, dice, mientras toma un café en el Vienés, en Viña del Mar, donde se declara ser “un cliente habitual”.

Internet, el máximo salvavidas

A pesar de permanecer bajo el alero del sello mencionado, Lalet cree que, a la hora de comenzar en el mundo de la música, no es indispensable contar con un sello discográfico si se pretende mover a las masas, ya que “vivimos en una época en donde todo lo encuentras en Internet. Está YouTube, Myspace, Soundcloud, donde puedes subir tus cosas y hacerte escuchar por todos”. Para él, el hecho de contar con todos estos privilegios de la tecnología hace de la industria musical un “arte en movimiento”, ya que “sólo bastan las ganas y mucha motivación. Da lo mismo todo lo demás”.

Internet, la “red de redes”, se ha convertido en el mejor amigo de los artistas independientes que utilizan todas sus herramientas para sumergirse en este mundo. Siguiendo los pasos de bandas como Radiohead, con el álbum “In Rainbows”, la mayoría de estas bandas hacen una distribución gratuita de sus creaciones para hacerse conocidos y posesionarse dentro de las reproducciones del público objetivo que intentan atrapar.

Si bien es cierto que las plataformas digitales han aliviado el costo económico que significa para estos jóvenes el masificar sus composiciones, contrario a lo que ocurría en épocas pasadas, existen algunos que aún sostienen que el único modo de “ser alguien y llegar lejos” es por medio de la grabación de un disco que sirva, en el peor de los casos, como una especie de currículum vitae a la hora de presentarse en grandes escenarios.

Una sacudida en el bolsillo

Tocar en un bar como El Abasto en Valparaíso más que ganancias para la banda les deja una pérdida, viéndose en la obligación de gastar dinero –que no tienen- para costarse el traslado de sus instrumentos. No obstante, la necesidad de tocar para un público y de crear esa experiencia que requieren para su futuro como músicos es más fuerte, aunque en la práctica, si se sitúan en una balanza los costos y beneficios, los primeros pesan más que los últimos.

Una de las bandas que han vivido esta experiencia es We Have The Place Surrounded y que deben su difusión gracias a Internet. En su Myspace (plataforma virtual que permite compartir música, entre otras funciones) está, a disposición de la gente y de manera gratuita, el EP que grabaron en febrero de este año y que consta de cinco canciones, “Trinoceronte”, y que les sirve como carta de presentación para hacer ruido en la región.

“Nos hicieron un descuento y salió 300 mil por 4 días, 8 horas por día, en el estudio del percusionista de la banda “Conmoción”. Fue en el Estudio Altavoz, en Santiago y el hecho de que no perteneciéramos a ningún sello discográfico, nos permitió regalarlo a la gente, subiéndolo a través de Creative Commons”, explica Javier Bustos, guitarrista de WHTPS, al mismo tiempo que se pasea con su Fender en la sala de ensayo “La Fusa” en Viña del Mar.

Caminando por 7 Norte con Quillota, los cuatro integrantes de WHTPS están conscientes de lo que les toca vivir como banda independiente y a pesar de eso, y del hecho que Internet ha contribuido mayormente en su popularidad, la meta más próxima que tienen es la grabación de un disco en algún estudio “digno”, como lo califican, ya que para ellos es importante para desarrollarse dentro de lo que realizan.

El costo de grabar un disco en Chile es variado. Desde los 7 mil pesos la hora hasta 26 mil pesos por el mismo tiempo, dependiendo del alcance monetario. No obstante, un disco profesional puede llegar a costar 7 millones de pesos. En el estudio de grabación santiaguino “Tarkus”, se puede encontrar una promoción que consiste en 10 canciones grabadas durante 6 días con un monto de 1.490.000. “Pero así se graban los discos independientes Al final, necesitas tener un buen material, para que te tengan fe y te dejen tocar en sus pubs”, dice Bustos, despidiéndose de sus compañeros de banda en las calles de Viña del Mar.

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