\ Escrito el 23/05/2011 \ por \ en Artículos \ con 896 Visitas

El señor de los anillos

Yeisiño Enrique Jerez Cornejo lava los autos de la Calle Quinta en Viña del Mar hace 19 años. A primera vista destacan sus 13 anillos de plata y el desplante que tiene en el que denomina “su territorio”, el cual lo cobijó desde su infancia marcada por las fugas del hogar de menores, las drogas y los robos. Hoy, “El Jerez” le ha dado un vuelco completo a su vida. Ésta es su historia.

Por Kevin Felgueras.

Un sol imponente ilumina el centro de la Cuidad Jardín; son las 2 de la tarde y la gente camina con paso apresurado hacia algún local de comida rápida. En medio de la calle Quinta, sentado sobre un tarro de pintura, lleno de lavaza para limpiar autos, se encuentra “El Jerez”.

Con una mirada fría y una sonrisa un tanto forzada saluda a las mismas personas que lo han visto trabajar desde 1991 y que, a pesar de su pasado oscuro, lo respetan y catalogan como un personaje típico de Viña del Mar.

El inicio de su vida en la calle se encuentra en su infancia, la cual no fue una común y corriente. “A los 3 años mis papás me abandonaron en un hogar de menores. Estuve internado del 73 al 87 y me fugué como 50 veces”, expresa riéndose de su propia historia. Alude que desde que se escapó por primera vez, comprendió que las distintas veredas del centro eran el hogar más idóneo para él. “En la calle no le pedía permiso a nadie para nada. Dormía en distintas partes, comía lo que quería, macheteaba por los Ponientes o los Orientes. Era libre”.

A los 13 años empezó a robar. Como él mismo cuenta, estudiaba un puesto o una tienda por 3 o 4 días, analizando cuánta gente entraba, qué compraba y cuánto dinero tenía el local. Tras la observación, atacaba solitariamente en los momentos en que los carabineros estuviesen haciendo ronda por las calles más lejanas.

Sin embargo, el robo no era su única fuente de dinero, ya que descubrió una forma de hacer arte: los tatuajes a pila. A pesar de no ser una técnica ortodoxa, El Jerez explica su metodología: “Es tan fácil como sacarle el tubito negro a las pilas, y pasarlo harto rato por el concreto. Eso te da una tinta que tienes que ir metiendo con una aguja en el diseño que marcaste. Todos los dibujos que tengo en el cuerpo me los hice yo mismo”.

Fue en la calle donde conoció la mayoría de las drogas, vicios y donde vivió los momentos más solitarios de su vida: “Yo consumí pastillas, chicota, anfeta, cipre, marihuana y aspiré neoprén, bencina y diluyente. Probé todo lo posible. Con esas drogas te sentiai’ superman, o sea, te sacaba de la realidad que viviai’”, expresa con un tono lúdico.

El cambio de vida

Tras haber caído preso en el año 1990, El Jerez recibió un ultimátum que le daría un vuelco rotundo a su manera de vivir: “La Myriam (su mujer, a la cual conoció en una de sus fiestas) me dijo que dejaba de robar y de andar en la calle o que la perdía pa’ siempre. La perdía a ella y a mi hijo. Y uno no es tonto po’ “, relata con sus ojos brillosos, como recordando el momento de aquella conversación.

Luego de salir de la cárcel, el 5 de enero de 1991, decidió enfocar su vida en cuidar lo que más ama: su familia. Empezó a trabajar en las mismas calles por las que, un año atrás, delinquía sin cesar, a cuanto negocio se le ocurriera. “Es chistoso, porque antes les robaba y ahora cuido a estos huevones”, expresa entre carcajadas.

“Partí cuidando autos en la noche y un día me ofrecieron venir a lavar autos y me gustó más la pega, porque tení’ la plata al tiro y podí’ hacer lo que querí’”, expresa mirando de reojo un negocio de máquinas de juego, al cual asiste constantemente. Según sus propios compañeros de calle Quinta, dicho local es la oficina del “Jerente”, apodo que se ganó debido a sus indeterminados horarios de trabajo: “De repente El Jerez llega como a las 1 y se va a las 3”, expresa Don Juan, parquímetro del lugar.

A pesar de que todos conocen su metodología de trabajo, “El Jerente” niega toda acusación expresando: “Yo vengo todos los días. Estoy aquí desde las 10 o 12. De repente llego a las 11 o a las 9:30”, riéndose de sus propias palabras. “Lo que pasa es que soy un hombre muy ocupado”,agrega.

Sin embargo, las máquinas de apuestas no son su mayor afición. “El Jerez” o “El Jerente”, también es conocido como “El Señor de los Anillos”. En sus manos, pueden divisarse más de 10 anillos, los cuales son parte de una gran colección. “Un día me puse uno y me gustó. Después me compré otro y otro, hasta completar los 44 anillos”, expresa con aires de grandeza, mientras exhibe sus manos.

“Hay días, como para fiestas, cumpleaños o bautizos, en donde me coloco todos los anillos en las dos manos. Ni siquiera se me alcanzan a ver los dedos”, dice mientras sonríe.

Alude también que no sólo son parte de una moda auto impuesta, sino que le sirven como protección ante cualquier problema que ocurra en su calle. “Un combito con estos anillos y te saco una lonja de cara al tiro”, señala empuñando su mano.

Uno de los detalles más sobresalientes acerca de su extensa gama de joyas, es que sólo una es de acero quirúrgico, siendo las demás de plata y oro, tal como cuenta El Jerez: “todos mis anillos son reales. Tengo un par que son con incrustaciones de oro, otros de puro oro, otros de pura plata. Son todos buenos”.

Cómo lo ven desde afuera

El Jerez, a través de su larga trayectoria como cuidador y lavador de autos, ha logrado ganarse el respeto y la confianza de todo su entorno.“A mi me mandan a depositar o a retirar plata de las tiendas y lo mínimo que traigo es un millón. Yo, honestamente, llego con toda la platita. De esa forma uno se va ganando la confianza”, cuenta.

Además de esta prueba de confianza, él mismo alude al desconocimiento de su pasado como carta fundamental para su desenvolvimiento en la calle. “Mucha gente no sabe ni cómo me llamo, ni quién fui antes. Eso me conviene po’, porque así no piensan que les voy a robar o algo parecido”.

Para “El Jerez”, “El Jerente”, “El Señor de los Anillos”, el saber aprovechar las oportunidades que da la vida es lo fundamental. Reconoce haber cometido muchos errores en el pasado, pero se alegra de poder dar cuenta de quién es hoy en día: “Soy un loco que se esfuerza por trabajar, que tengo mi permiso pa’ lavar los autos, que es respetuoso y preocupado por llevar el sustento a la casa”.

Sin duda alguna, Yeisiño Enrique Jerez Cornejo seguirá trabajando en la misma calle de siempre, con su habitual vestimenta y su colección de anillos que orgulloso muestra cada vez que puede, dejando su pasado como una anécdota y demostrando, con esfuerzo y buen humor, que si se puede salir adelante.

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