\ Escrito el 21/11/2020 \ por \ en Artículos, Destacados \ con 257 Visitas

En Santiago, la mejor ciencia ficción ochentera

Por Cristóbal Álvarez V..- Muse es una de las bandas que más impacta en vivo. El año pasado, aterrizaron en nuestro país con una jornada inolvidable que nos recordó cómo se hicieron un lugar en la historia del rock.

Han sido dos horas, estamos cansados de saltar y cantar. Acaba de terminar un medley de los riffs más pesados de la banda, sentimos que el concierto está listo, pero no nos movemos, aún falta una canción. Sale Christopher junto a su armónica y comienza a tocar la introducción de lo que todos estábamos esperando: “Knights of Cydonia”, tema insignia de cierre.

La batería y la guitarra se unen. Los presentes comienzan a sacar su celular para grabar, lo hacen mientras pueden porque saben que después hay que seguir saltando, cantando y los más motivados unirse al mosh, es un último esfuerzo que todos están felices de hacer. Chris hace sonar su bajo y los “oh oh oh” comienzan a bajar emulando a los instrumentos.

Somos 14 mil personas coreando a todo pulmón. En eso, los bailarines salen con sus ropas de neón a tirar globos blancos y negros gigantes, mientras el pogo se comienza a formar a pocos metros de mí. Seguimos moviéndonos hasta el final, Matt se despide “muchas gracias, Santiago” y la banda se acerca al final de la pasarela con una bandera firmada por los fans

Son pasadas las 16:00 horas del domingo 13 de octubre de 2019, con mi papá tomamos el metro desde Parque Almagro hasta Estadio Nacional. Hace una semana el pasaje había subido 30 pesos, pero contrario a lo que fue la semana siguiente, la paz reinaba en los vagones. No nos demoramos más de 25 minutos en un trayecto donde de a poco las poleras negras estampadas con distintas bandas de rock de los 2000 se asomaban.
Todos íbamos a lo mismo. Ver a la que, para muchas revistas especializadas, es considerada la mejor actuación en vivo del mundo. Las filas son tremendas, los vendedores se pasean de lado a lado ofreciendo bandanas, poleras, posters, agua e incluso más de alguno con alguna lata de becker o escudo escondida en su mochila. Claro, aún no abren las puertas y si carabineros no te ve está todo permitido.

Ya instalados dentro la gente comentaba los setlist anteriores “en los demás países “Showbiz” ganó siempre sobre “Bliss”, pero nosotros vamos a hacer la diferencia weon”. La presentación en la Pista Atlética del Estadio Nacional era la penúltima de una gira que los había tenido dos fechas en Ciudad de México, dos en Brasil -Rock in Rio incluido- y una en Palermo, Argentina.

A las 19 horas la fiesta dio inicio, Kaiser Chiefs se subió al escenario y, a pesar de no ser acompañados por la voz del vocalista, lograron encender al público con sus temas más conocidos. “¿También son británicos?” me pregunta mi papá y sí, lo son, forman parte de esos grupos de las islas que dominaron el rock después del 2005. Tras 45 minutos todo vuelve a quedar en silencio, queda poco más de una hora para Muse.

Media hora antes de lo estipulado comenzó a sonar una música espacial. Ad hoc a la estética que la banda había adoptado en su último disco, “Simulation Theory”, con múltiples referencias a la ciencia ficción y cultura pop de los ’80. A las 21:10 se apagan las luces y vemos aparecer el neón, son los bailarines, después unos lentes morados y un bajo con luces verdes, la banda ya está en el escenario y los asistentes se vuelven locos.

El show visual es impecable. La iluminación, las pantallas, cañones de espuma, confeti y los colores fluorescentes no desaparecen. Pasamos por los clásicos y los no tanto, es un show hecho para fanáticos e inexpertos. Toda esta parafernalia no es porque queden al debe en los musical, lo contrario, Matt, Dom y Chris brillan, en especial el primero con su capacidad de cantar y tocar líneas de guitarras que pocos mortales pueden hacer a la perfección

Estamos en la mitad de la presentación y toca votar por “Showbiz” o “Bliss”. La decisión es unánime, la segunda arrasa con su ovación, Dominic comenta en broma “A ver si me acuerdo” y comienzan los primeros golpes en su batería: sí se acordaba. A lo lejos veo al cabro que lo predijo moviendo la cabeza, debe estar más feliz que nunca.

Poco después viene “Dig Down” en una versión góspel, piden las linternas de los celulares Nosotros estábamos preparados y el celofán de distintos colores pegado en nuestras luces ilumina de distintos tonos la Pista Atlética: rojo, morado y azul, es hermoso. Llegando al final viene el metal medley, de atrás del escenario se asoma Murph, la “mascota” de la banda y durante quince minutos nos observa hasta que se va. Solo queda una canción
La banda es ovacionada hasta que desaparecen en la oscuridad del escenario. Se acabó, dos horas de la mejor ciencia ficción, teorías conspirativas y rock. Vivimos una de las mejores experiencias disponibles en la música, nos metieron en su película. Estoy sin palabras, pero mi papá atina “estuvo tremendo”.