\ Escrito el 18/10/2020 \ por \ en Artículos, Destacados, Sin categoría \ con 388 Visitas

En Viña del Mar: Contra viento, marea y…la crisis sanitaria

Por Camila Calderón.- Julio Vidal (68) es uno de los garzones que atiende en el conocido restaurante “África” de calle Valparaíso desde hace 34 años, es decir desde su apertura. El local y sus trabajadores han sorteado varias adversidades con el tiempo, pero la crisis sanitaria ha sido, hasta el momento, la más dura de ellas.

“¡Ah! ¡Parece que por fin le toca la salida del mes!”, me exclama jubilosa una voz sumamente familiar: desde su puesto de vigilante en la conserjería del edificio contiguo, “El italiano”, como le llamamos por aquí, me saluda. Sonrío, pero la mascarilla que traigo puesta no permite que se aprecie el gesto; así que voy y le grito con el mismo tono jocoso: “¡Toca la salida del mes!”, y añado, casi refunfuñando, “tengo que aprovechar antes de que nos decreten cuarentena total. ¡Nos vemos!”

Todo transeúnte mantiene distancia al caminar. “Qué cada quien avance por su lado”, pienso.

Sin embargo, a las dos cuadras de andar, presto atención a una voz masculina y gangosa que resalta sobre las demás: “¡Sándwiches, café para llevar! Pasen al África, échenle una mirada al menú del día”.

El hombre bajito, de pelo cano y ojos azules, que estaba parado entre los pendones del local, y que  llamaba la atención de otros peatones, se calla y también me mira, extrañado. Segundos después, tras quitarme los lentes de sol, su expresión cambia a una más afable: “señorita, ¡tanto tiempo sin verla, oiga!”

Don  Julio Vidal hace un gesto y me apeo a su lado para hablar con él. De a poco va llegando gente a hacer fila en la entrada del restaurante. Uno de sus compañeros, el “otro Julio” de bigote y gesto enjuto, le grita desde allá: “¡Julio! ¿Dónde está la gente que pidió el café para llevar?”. El garzón me mira y me pide disculpas, yendo a arreglar el pequeño embrollo que se había armado.

A poco de volver, me pone al tanto de la situación. Le pregunto por qué está trabajando y suspira antes de hablar: “cerramos el 18 de marzo por contingencia y ahora volvimos a abrir hace poco porque somos cinco los que no salimos beneficiados por el Gobierno: tres garzones, un bodeguero y planchero. Ni Bono de Emergencia ni Ingreso Familiar… Si no alcanza, hay que trabajar nomás, mijita linda”.

Si no perteneces al “70% del 40% más vulnerable de la población”, así como las aclaraciones referidas al beneficio de las cajas de alimentos dispuestas por el Ministerio de Desarrollo Social y Familia, “no te queda más remedio que salir a laburar”.

“Hay mucha gente que tenía su trabajo y ahora terminó de ambulante, si he visto el doble de vendedores acá en esta calle. Ni te digo en el Puerto es lo  mismo” comenta, de brazos cruzados y con gesto severo. El restaurante, por su parte, ha sufrido grandes pérdidas tras estos casi tres meses de cierre a raíz de la medida de prevención y contención decretada, a mediados de marzo, por el Ministerio de Salud.

“El León”, como se llamaba cuando los Starocelsky eran sus dueños, ha sorteado todo tipo de tormentas a lo largo del tiempo. Una de ellas fue el estallido social, los toques de queda y la violencia policial en el centro de la ciudad jardín. Por lo mismo, don Julio agrega: “con suerte nos salvamos de esa para caer en esta otra”.

Con recato, pongo una mano sobre su hombro. El garzón tiene los ojos un poco llorosos, pero aun así me sonríe: “yo tengo fe de que vamos a salir adelante y esto pasará”. Asiento a sus palabras e intento darle ánimo y saludo de paso a sus compañeros al despedirnos.

En el camino de vuelta, medito sus palabras. Suspiro. Habrá que ser como “el león de África” y sobrevivir como sea . Al final, lo que no te mata se supone que te hace más fuerte.