\ Escrito el 01/10/2018 \ por \ en Artículos, Destacados \ con 838 Visitas

Me quiere mucho, poquito, nada….

 Por Monserrat Manríquez.- Conocer gente en internet se está volviendo cada vez más común y ya no nos sorprende cuando algún conocido habla con alguien que nunca ha visto en persona. Tinder es una aplicación para celulares que se utiliza para encontrar pareja y es usado por gente de todas las edades, pero…. ¿los perfiles y las personas que aparecen en las fotografías serán reales?

Para esta aplicación solo tienes que poner tu nombre, edad, fotos y una pequeña descripción y ya está listo, puedes pasar por los perfiles de los otros, escoger entre darles una cruz o un corazón y solo si coincides con la otra persona, podrás hablar con él/ella. Esto puede llegar a ser tanto bueno como malo; nunca sabrás con seguridad si la persona con la que hablas te dice la verdad o no.

¡Es compatible contigo!

-Holaa

-Hola

-¿Cómo estás?

-Bien, ¿y tu?

-Bien también, ¿De dónde eres?

-Vivo en los Estados Unidos, pero estoy de vacaciones en Viña, visitando a mi familia

Todas las conversaciones empezaban de la misma manera: un saludo, cómo te encuentras y de qué país eres….Soy  Valentina, la chica del perfil falso en Tinder. Repasé meticulosamente la historia una y otra vez, pero cuando preguntaban algo que no había preparado, pensaba que podían descubrir la verdad. Las fotos eran de una persona de Finlandia: rubia, alta, delgada y de ojos celestes, el típico estereotipo de alguien bonito.

El primer encuentro

Era viernes, llovía y hacía mucho frío; podía sentir como los nervios invadían mi cuerpo, juntarme con alguien que nunca había visto en persona no era fácil. Caminaba por Viña del Mar con dos amigas que me ayudarían. El punto de encuentro era Seis Norte con Libertad. Lo ví pasar a mi lado y lo único que reaccioné a hacer fue a esconderme; él no sabía quién era yo, pero aún así sentí que me tenía que ocultar, temiendo que si me llegaba a ver se daría cuenta del engaño.

Dejé a mis amigas atrás y me encaminé al encuentro con Vicente, mi primera víctima.

-Disculpa, ¿eres Vicente?

-Sí, ¿tú eres Valentina?

-Sí. Sé que no soy la persona de las fotos, se nota. Me da mucha vergüenza, pero, me cree un perfil falso porque suelo tener muchos problemas conmigo.

-Lo sospechaba, era muy sospechoso, por varias señales que me diste, ¿me cachai? No me diste ninguna red social ni nada. Caché que podía ser falso pero decidí dar una oportunidad.

-Quería saber lo que se sentía ser bonita y que me dieran match.

-Ya, pero, eris  bonita. No tenís porque tener un perfil falso. Si hubieses estado en tu perfil normal habríamos dado match e igual hubieramos salido.

Estuve toda la tarde con él; hablamos sobre su vida y de la mía. Fuimos a un local a comer y para mi sorpresa me invitó. Me comentó que debería tener un perfil con mis fotos y que debería borrar el que tenía porque lo que estaba haciendo no era lo correcto. Cuando ya había acabado la reunión me dijo que lo agregara a Facebook, quedé sorprendida que después de la mentira, él siguiera interesado en mí.

Un gran error

Al día siguiente tuve mi segundo y tercer encuentro. Sin embargo, cometí un gran error; quedé de juntarme con ambos a la misma hora y en el mismo lugar. Hablar con casi cuarenta personas provocó que confundiera una conversación con la otra. Al momento de salir de  mi casa me percaté  que mi celular no tenía internet y que no había forma alguna de contactarme con ellos. Al llegar al punto de encuentro, los vi esperandome, o mejor dicho, esperando a Valentina.

Me acerqué al primero, Max, quien era de Talca y había viajado solo por el fin de semana a una cena; sentí nervios nuevamente, pensar que alguien se había hecho el tiempo de juntarse conmigo me llenaba de culpabilidad. Este encuentro fue corto, cuando me vio, pude sentir su odio en la mirada y desagrado al mismo tiempo, no obstante, no me dijo nada malo.  Me señaló que no se había molestado y que muchos perfiles en Tinder debían ser falsos.

-Si hubieras llegado antes podríamos haber hablado más. ¿Harás algo hoy en la noche? Tengo un carrete y un after en Viña.

Dijo que se tenía que ir y que me hablaría por el chat de la aplicación. Una vez que se marchó, traté de ver la conversación, pero no la encontré. Me había cancelado la compatibilidad.

Luego del fracaso con Max, me acerqué a Simón, llevaba más de cuarenta minutos esperando. Al verme se sorprendió, aunque no se enojó. Estuvimos juntos en la tarde y al final me pidió mi Instagram. Quedé sorprendida nuevamente.

Último intento

Una semana después me junté con la cuarta y última persona, se llamaba Javier. Esta vez fui yo la que esperó, venía retrasado. Todo de nuevo, me tuve que acercar, decir quién era, comentarle sobre mis problemas de autoestima y si se quería ir podía hacerlo o podíamos hablar y conocernos. Él escogió la segunda opción y terminamos caminando hasta llegar a un bar.

Me dí cuenta que teníamos muchos intereses en común y el engaño pareció no importarle, era la primera persona de Tinder con la que se juntaba. Eso provocó que mi estómago se revolviera y  tal vez por mí no se junte con nadie más. Comentó que un amigo suyo tenía un perfil falso también, lo que me sorprendió. Al finalizar, me fue a dejar al paradero y se despidió. De todos, fue el único que no me canceló la compatibilidad.

Interesantes y divertidas juntas. Nada resultó como lo esperaba; los cuatro sabían de la existencia de perfiles falsos, pero parecía no importarles demasiado. Tampoco les preocupó tanto que yo no fuese la de las fotos, ya que la mitad me pidió una red social.

La sociedad parece tener conocimiento de las mentiras que puede haber en internet, pero aún así haqy quienes se arriesgan a juntarse con gente que nunca han visto  ¿por qué? Yo esperaba reacciones totalmente distintas a las que obtuve; pensé que ellos se enojarían o que me insultarían, pero nada de eso pasó.

Terminé esta experiencia con una gran satisfacción, Valentina tuvo alrededor de 80 parejas, me sentí bien conmigo misma y también mi autoestima subió un poco. Conclusión: tengo que ser yo misma para llegar a gustarle a los demás

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