\ Escrito el 04/10/2012 \ por \ en Artículos \ con 1741 Visitas

“Pinturas del Valparaíso nunca fundado”: los sueños inconclusos del Puerto

En el hall del Centro de Extensión del Consejo de la Cultura un grupo de estudiantes porteños escuchan atentamente las palabras de Gonzalo Ilabaca, pintor nacional que expone sus obras en dicho recinto en el marco del III Fórum Universal de las Culturas. “Estos cuadros parecen venir del pasado, pero no son del pasado: son de estos tiempos, sólo que evocan a una realidad nunca fundada”, relata el artista a los adolescentes en referencia a las telas que visten las murallas del CENTEX y que están netamente inspiradas en los paisajes y personajes más característicos del Puerto.

Por Javiera Ponce y Consuelo Reyes.

Pinturas del Valparaíso nunca fundado es el nombre de la exitosa muestra que se exhibe desde el 15 de octubre hasta el 7 de noviembre y que,  según palabras del productor de Artes Visuales del CENTEX, José Pablo Díaz, “es visitada diariamente por aproximadamente 300 personas”, en las que se incluyen varias visitas de colegios que son guiadas por el propio Ilabaca. Los turistas extranjeros que llegan a Valparaíso son también parte importante de la concurrencia a esta exposición que, llena de colores y nostalgia, les muestra una parte de la ciudad que están recorriendo y los insta a conocer más de cerca cada uno de sus rincones.

Las opiniones, tanto de los asistentes como de la organización, son muy positivas a la hora de referirse a esta muestra. Eduardo Baras, coordinador de exposiciones del Fórum, asegura que “es una exhibición muy interesante, porque pocos artistas han sabido captar de esta forma la esencia de Valparaíso. Por eso es que se está exhibiendo en el CENTEX, frente a la Plaza Sotomayor, porque este lugar se ha transformado de una u otra forma en el corazón de las actividades de este Fórum”.

“El pintor es el guardián de todo lo que va a desaparecer”

“Valparaíso tiene muchos sueños inconclusos y de eso nace la nostalgia. La nostalgia es la mezcla perfecta entre lo bello y lo triste. Lo bello es lo que podría haber pasado y lo triste es lo que nunca pasará”, cuenta el pintor que se ha basado en todas aquellas acciones inacabadas que se visualizan al caminar por el puerto, para llevar a cabo su obra: las casas construidas a medias, con distintos materiales y tonalidades, los barcos encallados que nunca llegaron a su destino, los hombres y mujeres que vieron sus planes truncados por acción del azar y que debieron cambiar la ruta en medio del camino. Ahí es donde está su inspiración.

Desde 1990 Ilabaca reside en Playa Ancha, y desde ese momento se ha dedicado a observar minuciosamente los detalles de la ciudad que ha plasmado en sus telas. “En esta muestra en especial se recogen pinturas de Valparaíso de los dos últimos años”, con títulos como “Bailahuén pa los hígados”, “Niños jugando en la tierra”, “Valparaíso cinemascope” o “La llegada del circo ruso”, que reúnen expresiones de paisajes vivos y coloridos, llenos de contrastes, donde la textura de cada trazo es también un elemento fundamental para el resultado de cada pintura. Ilabaca está muy lejos de los academicismos, su producción no es más que una mirada poética de la vida cotidiana porteña.

Y queda claro en las propias palabras del artista, cuando dice que  lo que más le atrae e interesa del puerto “es todo lo referido al puerto mismo: la zona portuaria, las grúas, los barcos, los bares de marinos”, pues son todos esos lugares comunes los que con su obra ha ido rescatando, antes de que la tecnología o las construcciones modernas acaben con ellos. Es por eso que con seguridad Ilabaca afirma que “el pintor es el guardián de todo lo que va a desaparecer”.

Clásicas son, en especial, sus referencias a los bares de marinos, esos mismos que “están desapareciendo en todo el mundo” y que él ha usado en varios de sus cuadros. La historia del Roland Bar es una de aquellas por las que siente mayor aprecio. Un bar al que durante dos años estuvo yendo para conectarse con sus leyendas y con las personas que lo concurrían, en especial marineros y chicas de la noche, a las que no les molestaba su presencia allí, plasmando las escenas que durante cada jornada se desarrollaban. Esa fue uno de sus más grandes acciones de rescate: el Roland Bar se incendió al tiempo después.

 “El auto de Madonna”

En medio de las decenas de cuadros que expone Ilabaca, se encuentra “la Joya del Pacífico”, una de las obras más destacadas de este pintor. Los turistas se acercan y se sacan fotos en las que simulan ser dueños de un Fiat Balilla completamente decorado con brillantes motivos porteños. Sin embargo, la razón por la que causa tal expectación no es sólo la belleza de su pintura, sino que la historia que le da significado a su creación.

“Este es un Fiat Balilla del año 47 que encontré en los cerros de Playa Ancha y me demoré seis meses en pintarlo. Cuando lo estaba pintando se me ocurrió la idea: ¿Por qué no se lo vendo a Madonna?”, cuenta el artista. “El auto de Madonna”, es el nombre con el que se conoce popularmente a esta obra, la que no sólo ha sido aclamada por los asistentes a la exposición, sino también por los medios de comunicación que han puesto especial atención a este trabajo de Ilabaca dentro del Forum de las Culturas. “Desde que supe que el auto de Madonna iba a estar en esta exposición quise venir a conocerlo, es como una leyenda”, relata Alejandra Rojas, una visitante del CENTEX.

Colores rojo, amarillo, azul y verde representan un agitado paisaje porteño sobre este automóvil. Marinos, fiestas, bares y puerto son imágenes recurrentes en el auto de Madonna , lo que resulta algo paradójico, pues no hay ninguna representación de la cantante en las latas del viejo Fiat, lo que remite la iniciativa a una identificación con la personalidad de la reina del pop y a objetivos comerciales: “Ella es una mujer que se hizo a sí misma o sea no es la mujer consumida por el sistema, sino que ella manda en el sistema. Eso por un lado, por otro lado, habían múltiples razones, poéticas y económicas de estrellato: si ella me lo compra yo me hago famoso, entonces es el juego del sueño americano”, explica el pintor sobre sus motivaciones para concretar esta obra.

La idea de Ilabaca no quedó sólo como una ensoñación del momento, sino que el artista hizo lo posible para que su realización llegara a los ojos de la cantante norteamericana. Cuando terminó el auto en 1995, le escribió una carta a Madonna en la que le expresó su deseo de venderle el Fiat, pero nunca recibió respuesta y a lo largo de todo este tiempo ha realizado múltiples gestiones para que la “reina del pop” se entere que un pintor chileno le dedicó una obra de arte sobre un viejo auto con el que “podría aparecer en la portada de sus discos”.

 Una vida nómada

Gonzalo Ilabaca nació en Concepción en el año 1959. Se trasladó a Santiago en 1978 cuando entró a estudiar Medicina a la Pontificia Universidad Católica de Chile. Sin embargo, cuatro años después abandonó la carrera para dedicarse por completo a su pasión: la pintura. Con poco conocimiento técnico, pero muchas ganas, Ilabaca comenzó a compenetrarse con el mundo del arte, lo que lo llevó a dejar de lado algunas creencias valóricas que su familia le había inculcado desde pequeño, como el catolicismo, religión que se vio obligado a dejar con el fin de abrir su mente ante su entorno.

Tras haber dejado la universidad, el artista participó en variados concursos pictóricos utilizando diferentes pseudónimos, los cuales estaban marcados por el contenido de su obra. Gonzalo Ilabaca no se formó en ninguna escuela de arte, por lo que gracias a la buena crítica y las becas obtenidas pudo ir ahondando en su identidad como pintor. No obstante, hay un elemento que marcó a Ilabaca como fuente de inspiración: el viaje.  Pese a que en 1990 se asentó en Valparaíso, nunca ha dejado de buscar lugares interesantes que retratar, por eso deja la ciudad cada cierto tiempo para luego volver a ella, lleno de imágenes que plasmar.

“Soy un pintor autodidacta alejado de la academia y de las vanguardias. He buscado en el viaje la inspiración para mis cuadros. Chile, India, Indonesia, Nepal, Tailandia, México y Guatemala han sido mi recorrido, buscando siempre en la figura humana un bastión poético que pintar”, escribió el autor en un tríptico que él mismo entrega en la exposición.  No obstante, más allá de todos aquellos recorridos fantásticos que ha emprendido, hay algo que amarra al pintor al Puerto, pues es aquí, en esta ciudad desordenada, colorida, sucia y patrimonial donde encuentra mil y un motivos para inmortalizar todo eso que está desapareciendo o que está presto a desaparecer: los sueños del Valparaíso bohemio que se observan en sus rincones cada día, cada noche.

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