\ Escrito el 01/10/2018 \ por \ en Artículos, Destacados \ con 365 Visitas

Un falso argentino en Valparaíso…

Por Renato Musso Santos.- Con ropa casual y con un energético acento mendocino, me dispuse a recorrer las calles del Puerto, con el fin de evidenciar los tratos que reciben de los chilenos.
…Nada ocurre mientras camino…simplemente paso inadvertido como si fuera un transeúnte más. Sin embargo, cuando hablo, la situación es distinta, la gente se voltea y los niños me señalan con el dedo como si fuera un espectáculo extraño. La escena se repitió muchas veces…cuando viajaba por las calles de Valparaíso como si fuera un turista argentino.
La idea surgió cuando observaba a un extranjero preguntar direcciones a una vendedora afuera del terminal de buses. La mujer daba instrucciones de manera amable evitando mencionar modismos. Fue entonces cuando la pregunta vino a mi cabeza como un insight:: ¿Por qué el trato es tan diferente entre un inmigrante y un veraneante?
Primer acercamiento
En más de una ocasión la gente gritaba cosas como “pecho frío” o “segundón”
Quise realizar una práctica antes del recorrido. La idea era conversar con gente en el terminal de buses preguntando por direcciones, dando saludos amigables y en lo posible sin toparme con otros turistas argentinos, dada mi poca práctica en el acento. Lo más notorio fue la amabilidad con la que guardias e incluso pasajeros me respondían.
Empecé mi experimento conversando con una señora o señorita (no estaba seguro) que comenzó a contarme su vida. Entre otras cosas había tenido una carrera como cantante en un teatro de Melipilla. La escuché atentamente tratando de responder con típicas frases argentinas con el “vos” o el “decime”. Antes de irse me dio un gorro con el logo nacional diciendo: “Para que tengas un buen recuerdo de Chile”…. El jockey lo pegué en mi mochila como trofeo de esta primera experiencia.
Demos vueltas
Ya con más confianza inicié el recorrido planeado: Avenida Argentina, Calle Uruguay y el Mercado Cardonal. Dichos lugares son muy frecuentados por turistas e inmigrantes. Mientras caminaba por los sitios atestados de gente, los comerciantes observaban como si estuviera frente a ellos algo novedoso; pedían que pasara por sus puestos ofreciendo sus productos casi sin importarles quienes eran el resto de sus clientes.
Almorcé en un local llamado “El Rincón Colombiano”
En más de una ocasión la gente gritaba cosas como “pecho frío” o “segundón “, todo con un toque humorístico, relacionado al fútbol. Era por el fuerte apego de los argentinos a su Selección, tema sabido por los chilenos. Al intentar contestarles y antes de darme cuenta, ya había una gran cantidad de gente hablando y preguntando en relación a mi procedencia.
Almuerzo con don José (Archivo personal J.N.)
Sin embargo, si algo pude notar es que para un chileno es muy fácil reconocer entre un tipo de extranjero y otro, dependiendo de su color de piel. Esto lo pude evidenciar mientras conversaba con una señora en Avenida Argentina. En ese momento llegó una familia (madre, padre e hijo) de tez negra, notándose claramente su cambio en el actuar y en el de los comerciantes ya que, a diferencia de mi caso, nadie se acercaba ni entablaba diálogo con ellos, más allá de la interacción vendedor/cliente.Intenté conversarles, sin embargo, se mostraron muy esquivos. Dentro de lo poco que les entendí dijeron: “disculpe, estamos apurados”; después tomaron al niño y se fueron. Pude captar en su actitud su estado defensivo frente a otros. Quizás han tenido malas experiencias o tal vez me vieron como un extraño: Al final no pude comprender con certeza.
El asalto y el fin
Almorcé en un local llamado “El Rincón Colombiano”, donde servían un menú completo por $2.500; bastante bueno. Mientras comía conversé con un anciano llamado José que se sentó a mi lado. Me relató muchas historias sobre su vida, entre ellas su trabajo como pescador y un viaje a África durante la dictadura para trabajar..
Después tuve la idea de volver al mercado para repetir la actuación una vez más. Estaba tranquilo hablando con la gente pero, cuando esperaba la luz verde en un semáforo, alguien intentó abrir mi mochila de forma sigilosa buscando dinero o cosas de valor. Casi sin darme cuenta, tenía tres bolsillos abiertos junto con un invitado no deseado hurgando en mis cosas como si fueran suyas. Al sentir y verlo, le grité, pero salió corriendo ocultándose entre la multitud.
¿Habrá sabido que soy un “turista”? ¿O solo vio a alguien distraído a quien se le podría robar sin mucho esfuerzo? No lo sé. Sin embargo, desde mi estancia en Valparaíso nunca me había ocurrido algo así. Culminé la actuación y quedé intrigado con este último acontecimiento.
Al final, pude evidenciar un trato amable y simpático de casi todos los chilenos, sin embargo, ese comportamiento dista mucho de lo que viven otro tipo de extranjeros, lo cual observé en muchas ocasiones. La travesía del falso turista argentino cerró con una serie de dudas e inquietudes, pero con una gran enseñanza: nunca hay que discriminar a alguien de una cultura diferente; no importa su color de piel o procedencia, cuestión que a veces olvidan muchas personas de nuestro país.

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